Una despedida
Gracias.
Han sido siete años. Y antes de bajar la persiana, queremos daros las gracias como toca: claro y sin rodeos.
Nacimos como un estudio de interiorismo residencial, con más ambición que respaldo. Cogimos proyectos que nos venían grandes —algunos, demasiado grandes para lo que éramos entonces— y los sacamos adelante. Por toda España, casa por casa. Siete años. Más de ochenta proyectos.
No vamos a maquillarlo: el final no es el que soñábamos, y no vamos a fingir lo contrario. Pesa. Pero cerrar el estudio no borra lo que pasó dentro de estos años, y lo que pasó dentro fue bueno.
Lo que nos llevamos no son los números. Nos llevamos haber crecido desde cero. Proyectos de los que seguimos orgullosos. Y, sobre todo, a la gente.
Gracias, antes que a nadie, a los clientes. Confiasteis en nosotros y en nuestra forma de trabajar para poner en nuestras manos una de las partes más importantes de vuestra vida: vuestra casa. Nos dejasteis entrar en grandes historias. No nos lo tomamos nunca a la ligera.
Gracias a Lucía, a Feli y a Eva. Sabéis lo que pusisteis, y sabéis que esto no existió sin vosotras.
Gracias a los industriales, comerciales y proveedores que pisaron la obra con nosotros — los que aparecían cuando había que aparecer. Construimos juntos, en el sentido literal de la palabra.
El estudio cierra, pero las personas seguimos. Si quieres seguir en contacto, escríbenos a hola@francismoya.me.
Gracias por la historia. Fue grande.